Con motivo del heroico triunfo de 1949:

Educación ideológica, Periódico El Pueblo n° 85 (octubre, 2019).

El 1 de octubre de 1949, el presidente Mao Tse-tung proclamó la fundación de la República Popular China. Este hecho histórico es resultado de más de dos décadas de guerra popular, durante la cual el Partido Comunista de China condujo al proletariado y el pueblo chino en el glorioso camino de la revolución de nueva democracia y abrió paso a la construcción del socialismo para sus, en ese entonces, 450 millones de habitantes.

La Revolución China y el camino de las naciones oprimidas

La Revolución de Octubre en Rusia (1917), dirigida por Lenin y el Partido Comunista Bolchevique, fue la primera en proponerse acabar con todo el régimen de explotación de una clase sobre otra, iniciando la era de la Revolución Proletaria Mundial.

El mismo Lenin ya había observado que el enorme atraso feudal en los países orientales, donde el proletariado era escaso y débil, habría de dar un carácter particular respecto a la senda recorrida por los bolcheviques en Rusia. Serían los propios revolucionarios de esos países quienes deberían encontrar ese camino.

Un hijo de campesinos, llamado Mao Tse-tung, sería quien encabezó la aplicación de la verdad universal del marxismo-leninismo a la realidad concreta de la Revolución China.

Los primeros años fueron de enormes sacrificios para los revolucionarios y las masas chinas. En firme lucha contra posiciones dogmáticas, el subjetivismo y el revolucionarismo errante, el presidente Mao se fue erigiendo como jefatura reconocida del partido y la revolución, en la medida que pudo resolver por primera vez los problemas de la revolución en un país atrasado, sometido por el imperialismo.

Consiguió establecer correctamente el carácter semicolonial y semifeudal de China, sosteniendo que el proletariado debía ser la clase dirigente, pero que éste no podía triunfar solo, sino que debía apoyarse principalmente en el campesinado, que era la clase más oprimida y la inmensa mayoría de la población. Asimismo, debía apoyarse en la pequeña burguesía e incluso, en ocasiones, en la burguesía media, pues en conjunto todas eran clases oprimidas por el imperialismo, el capitalismo burocrático y la semifeudalidad.

Es decir, el presidente Mao estableció la política correcta, en lucha contra otras posiciones al interior del Partido Comunista de China, que el proletariado organizado en su partido de vanguardia debía agrupar y dirigir a todas las otras clases democráticas y antiimperialistas en un Ejército Rojo y un Frente Único.

También analizó correctamente que en un país atrasado no se podía llegar directo al socialismo, sino que hacía falta una etapa previa que concluyera las tareas democráticas que las débiles burguesías no pudieron hacer en dichos países, tales como resolver el problema de la tierra para quien la trabaja y desarrollar la industria autosostenidamente, pilares de la independencia nacional. Esto se conoce como la Nueva Democracia.

La Revolución China nos ha legado el maoísmo

Con el triunfo de 1949, la revolución mundial tuvo un enorme impulso. Siguiendo los ejemplos de Rusia y China, durante la década de 1950 se impulsaron revoluciones en muchos países que pusieron a un tercio de la población mundial en el curso de la construcción del socialismo, junto a una potente ola de luchas de liberación nacional en las naciones oprimidas de Asia, África y América Latina.

La jefatura del presidente Mao Tse-tung se vio reafirmada con la resolución de problemas nuevos durante el período de la construcción socialista y, especialmente, en los esfuerzos por prevenir la restauración capitalista con la Gran Revolución Cultural Proletaria. En este curso, sus contribuciones elevaron la ideología del proletariado a una nueva, tercera, y superior etapa, el marxismo-leninismo-maoísmo, que es el marxismo de nuestra época.

El golpe de Estado contrarrevolucionario que restauró el capitalismo en China tras la muerte del presidente Mao no niega las gigantescas contribuciones del maoísmo a la revolución mundial. Más bien, con este hecho se reafirma una importante enseñanza de Lenin: el revisionismo es el peligro principal de la revolución y por ello debemos combatir en todo momento al revisionismo firme e indesligablemente del combate al imperialismo y a toda la reacción. Hoy, los revolucionarios conmemoran el triunfo histórico de 1949, sosteniendo que el maoísmo vive y guía las guerras populares prolongadas en Perú, India, Turquía y Filipinas, junto a un creciente contingente comunista que se desarrolla en todos los continentes del planeta, enarbolando, defendiendo y aplicando el maoísmo.

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