A 100 AÑOS DE LA III CONFERENCIA DE LA FOCH

Retomemos el camino clasista y revolucionario de Luis Emilio Recabarren

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Delegados del Partido Obrero Socialista a la Conferencia de la FOCH,1919. Imagen: Memoria Chilena.

Conmemoración, edición n° 87 (diciembre, 2019) de Periódico El Pueblo

La navidad de 1919 no fue un día de descanso para el proletariado chileno. Aprovechando el feriado de esta fiesta religiosa, el 25 de diciembre de ese año se inicia en Concepción la histórica Tercera Convención de la llamada, hasta ese entonces, Gran Federación Obrera de Chile. Concurren allí delegaciones de 68 consejos federales de todo el país, desde el norte salitrero hasta la región de Magallanes.

Esta convención debía pronunciarse por la resolución de una importante lucha entre dos líneas, que se venía desenvolviendo durante varios meses mediante discusiones en la prensa obrera y en las asambleas locales.

Por una parte, estaba la línea del abogado conservador Pablo Marín Pinuer, fundador de la FOCH hacía ya diez años, y que buscaba mantener el organismo como una gran organización de ayuda mutua a nivel nacional, bajo una política de colaboración de clase.

La línea opuesta estaba impulsada por Luis Emilio Recabarren, revolucionario cabal que había trabajado por organizar y educar a los obreros de todo el país, había fundado el Partido Obrero Socialista en 1912 y había encontrado recientemente en el triunfo de la Revolución Rusa de 1917 la confirmación de su más profundo anhelo, que el proletariado fuera capaz de conquistar el Poder político y constuir una nueva sociedad.

Son dos concepciones que proponen dos caminos para el movimiento obrero: el camino de reformas y el camino de la transformación revolucionaria de la sociedad.

La dura lucha que allí se dio cambió radicalmente el carácter, el programa y hasta el nombre de la organización. La línea impulsada por Recabarren representaba a los sectores más avanzados de la clase -los obreros del salitre, los portuarios, las minas y las industrias-, que aspiraban a crear una central clasista, de lucha contra los enemigos de clase con el objetivo explícito de desenvolver la lucha política por la creación de una nueva sociedad.

Esta línea clasista triunfó ampliamente.

A partir de entonces se adoptó el nombre de Federación Obrera de Chile, FOCH y la bandera roja pasó a ser su emblema.

La declaración de principios aprobada señaló con claridad que el propósito de la Federación no se reducía al mejoramiento de salario, disminución de las horas de trabajo, abaratamiento de la vida, eliminación de los vicios y educación, sino “conquistar la libertad efectiva, económica y moral, política y social de la clase trabajadora (obreros y empleados de ambos sexos) aboliendo el régimen capitalista, con su inaceptable sistema de organización industrial y comercial, que reduce a la esclavitud a la mayoría de la población”.

Recabarren resaltó en el diario El Socialista la importancia de este evento pocos días después, diciendo: “es un inmenso acontecimiento en la historia proletaria de este país, tanto por la calidad de los elementos proletarios que lo compusieron, como por las fuerzas numéricas que estaban representadas… la organización obrera se ha dado cuenta que necesita tener como meta la socialización de los medios de producción y de cambio, ya que, de otra manera, la acción por el mejoramiento y perfeccionamiento de las condiciones de vida resultaría una labor eterna y estéril” (“El Socialista”, Antofagasta, 13 de enero de 1920).

La justa y correcta dirección de Luis Emilio Recabarren consiguió efectivamente que la FOCH no fuera sólo un instrumento exitoso en la lucha reivindicativa, sino principalmente un instrumento de lucha política, empleando todos los medios que tuvo a su disposición y que correspondían a la época.

Hacia 1921, la FOCH contaba ya con fuertes secciones a nivel nacional que en junio de ese año se pusieron en movimiento en apoyo a la violenta represión a los campesinos y asumiendo la defensa de los perseguidos, expresando en los hechos la unidad obrero-campesino.

En la conferencia de Rancagua, desenvuelta en la navidad de ese mismo año, la FOCH materializó el internacionalismo proletario adhiriendo a la Internacional Sindical Roja, fundamentando en la resolución correspondiente que “en este proceso de descomposición del régimen capitalista que opera nacional e internacionalmente, es indispensable la unión más estrecha del proletariado mundial… En el orden mundial, la Internacional Roja de los Sindicatos constituye el centro de las organizaciones sindicales revolucionarias que han roto con los viejos jefes oportunistas y se han lanzado a la lucha abierta contra el capitalismo”.

Sobre la base consecuentemente clasista de la FOCH, asumida en lo fundamental en la conferencia de diciembre 1919, se dio un enorme impulso al movimiento obrero revolucionario que fue sancionado luego con la fundación del Partido Comunista de Chile, sección chilena de la Internacional Comunista en enero de 1922 y cuya línea revolucionaria se desenvolvió consecuentemente hasta inicios de la década de 1930, para caer luego en manos de una línea de derecha que los desbarrancó en el electorerismo y el revisionismo.

A 100 años del gran hito del surgimiento de la FOCH clasista y revolucionaria, nos reafirmamos en retomar el camino de Recabarren para reimpulsar un verdadero movimiento obrero clasista y combativo.-

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