El anuncio de Trump el 1 de abril sigue una secuencia de preparativos para una intervención imperialista directa en Venezuela. Imagen: Tom Brenner / Reuters.

Jullia Izecksohn en A Nova Democracia – 4 de abril de 2020.

El 1 de abril, en una de las conferencias de prensa diarias que el ultra reaccionario Donald Trump ha estado haciendo para lidiar con el coronavirus, anunció el envío de buques de guerra y aviones de la Armada de los Estados Unidos a los puertos de Venezuela, aunque no especificó qué tan cerca de la costa pretenden llegar. Acompañado por el Secretario de Defensa Mark Esper y el Jefe de Estado Mayor del ejército yanqui, el general Mark Milley, el jefe del imperialismo yanqui dijo que estaba duplicando los recursos militares invertidos en la región, incluidos destructores, aviones de vigilancia y tropas. 

Con el fin de dar legitimidad a la nueva amenaza de agresión imperialista contra la nación venezolana, el imperialismo afirma que la medida tiene como objetivo combatir los carteles venezolanos de la droga y lo que Trump llamó «actores corruptos», citando como ejemplo al presidente del país, Nicolás Maduro. La farsa creada por Trump y el ejército yanqui para elevar sus provocaciones golpistas y colonialistas es que temen que tales «actores» se aprovechen de la pandemia de coronavirus «para contrabandear más narcóticos». Con eso, tratan de desmoralizar al gobierno venezolano y crear un caldo de cultivo para apoyar la invasión.

El anuncio sigue a la acusación de Estados Unidos de «narcoterrorismo» contra el gobierno venezolano el 26 de marzo

Según el fiscal general yanqui, William Barr, las acusaciones criminales presentadas son que el gobierno venezolano sería responsable de contrabandear, junto a las «Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia» (FARC), hasta 250 toneladas de cocaína por año dentro de Estados Unidos. En la cima del ridículo, el Departamento de Estado de los Estados Unidos ofreció una recompensa de $15 millones de dólares (casi 13 mil millones de pesos chilenos) solo por información que incrimine a Maduro.

Como desarrollo adicional de este ejemplo de pretensiones colonialistas del imperialismo yanqui, uno de los enlistados como buscados, el general retirado del ejército venezolano Cliver Alcalá, un famoso oponente de Maduro, fue arrestado en Colombia por agentes de la Administración de Control de Drogas (DEA) y se lo llevaron a Nueva York el 27 de marzo.

Uno de los carteles distribuidos por el imperialismo yanqui ofrece recompensas por información que conduzca al arresto de Maduro y otros vinculados al gobierno venezolano. Imagen: Defesanet / DEA.

FORTALECIENDO LA PRESENCIA YANQUI

Aunque usaron el pretexto del coronavirus, la intensificación de la presencia militar yanqui en el continente sudamericano ya se había anunciado incluso antes que el brote de la enfermedad alcanzara su escala global actual y se considerara oficialmente una pandemia. También demuestra la mentira detrás del discurso de Trump.

A principios de marzo, el comandante de combate del Comando Sur (responsable de las operaciones militares en Centro, Sudamérica y el Caribe), Craig Faller, declaró en un testimonio ante el Congreso de los Estados Unidos que el fortalecimiento de la presencia de su ejército en la región se haría «en reconocimiento de amenazas complejas». El 1 de abril, al comentar sobre el anuncio de la Casa Blanca, Faller dijo que la decisión ayudará a combatir los avances de China sobre América del Sur y Central, es decir que tendrá el propósito de mantener la hegemonía de la influencia regional del imperialismo yanqui sobre la región. 

Maduro respondió a las amenazas de invasión militar yanqui y lo denunció como «un intento desesperado de desviar la atención de la trágica crisis humanitaria que enfrenta el país [EE. UU.], como resultado del tratamiento errático de sus autoridades ante Covid-19». También dijo que los yanquis «tienen la intención de atacar a Venezuela con infamia y amenazas», según la información transmitida por la red Telesur.

Según lo analizado previamente por A Nova Democracia , Venezuela vive un escenario de guerra de baja intensidad aplicado por el imperialismo yanqui para desestabilizar el país y hacer que la situación interna sea insoportable, pero con medidas cubiertas de tal manera que el campo de resistencia nacional no se agrande tanto. Sin embargo, la imagen ahora se está moviendo hacia la de una guerra abierta de agresión imperialista, debido al avance de las tropas yanquis cerca de la frontera. 

En tales circunstancias, de nada servirá la vacilante defensa de Maduro en cuanto a la soberanía nacional de Venezuela, o las ilusiones sobre el apoyo del imperialismo ruso o el socialimperialismo chino, los principales «aliados» venezolanos que conocen muy bien el valor de la posición estratégica de América del Sur como patio trasero del imperialismo yanqui y la base de su hegemonía global.

PREPARATIVOS PARA EL GOLPE

 Días antes, el 31 de marzo, Estados Unidos presentó lo que el gobierno del genocida Trump llamó «Marco Democrático para Venezuela», que sería un «plan para la transición pacífica del poder» para Venezuela. 

El documento de contenido chantajista establece que, tanto Maduro como Juan Guaidó, quien se autoproclamó “presidente» de Venezuela en mayo de 2019 con la bendición de los yanquis, «se aparten» para que la Asamblea Nacional designe un consejo de gobierno de transición, y luego estaría a cargo de organizar nuevas elecciones presidenciales dentro de seis a ocho meses. Además, el plan yanqui también requiere que todas las fuerzas de seguridad extranjeras se retiren del país, refiriéndose principalmente a las tropas y asesores rusos y chinos.

El primer paso a tomar, según Trump, sería el regreso de los miembros de la Asamblea Nacional y la Corte Suprema de Justicia, así como la restauración de la inmunidad parlamentaria para los diputados y la disolución de la Asamblea Nacional Constituyente (convocada por Maduro y que suprimió en la práctica, el parlamento). 

Si se obedecieran tales extorsiones, el imperialismo yanqui eliminaría algunas de las sanciones impuestas a Venezuela, como las aplicadas al petróleo venezolano. El plan para una «transición democrática» tiene un calendario que cita 14 puntos, en el que se especifica qué sanciones se levantarían. 

Con tal plan, los yanquis (que solo aceptan como «elecciones libres» aquellas que ellos dirigen y, por lo tanto, manipulan) establecerían un gobierno títere, totalmente sometido a sus mandatos y que permitiría a los monopolios financieros yanquis imponerse exclusivamente en el mercado de materias primas locales (como el petróleo) y el consumidor. Venezuela se convertiría así en una colonia yanqui.

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