Trabajadores protestan y confrontan a político en medio de la pandemia en Italia. Imagen: Yara Nardi / Reuters.

Traducimos, por su importante análisis político, la Editorial A Nova Democracia (Brasil) – abril y mayo 2020. También añadimos algunas notas para facilitar la comprensión del lector.

La actual pandemia mundial ha revelado en solo unos días toda la bancarrota histórica y la abominable existencia política del capitalismo en su fase monopolista, parasitaria, decadente y agonizante. Dejó claro cuánto los gobiernos imperialistas y sus lacayos en todo el mundo desprecian a la humanidad y cuán cruelmente tratan a las masas populares. Los países desarrollados dejaron caer su máscara con la que se jactan del mejor de los mundos, como nunca antes en su historia y de una manera patética, pero que nunca se prepararon para enfrentar calamidades de grandes magnitudes y totalmente probables, porque no es lo que les interesa y conviene. Lo que les incumbe, exactamente, es la extracción del máximo beneficio en todas las situaciones y por todos los medios, principalmente succionando hasta la última gota de sangre de los trabajadores y lanzando guerras de rapiña en las naciones oprimidas, promoviendo el exterminio de cientos de miles de millones de vidas, bajo el descarado pretexto de defender su vieja y corrupta democracia.

En un siniestro revivir de épocas casi remotas de la historia de la humanidad, tal como a mediados del siglo XIV la “peste negra” (peste bubónica) barrió Europa y Asia matando a 200 millones o incluso 102 años atrás, cuando la “gripe española” mató a decenas de millones. Sin embargo, es repugnante que, a mediados del siglo XXI, con las conquistas de la ciencia y la tecnología, tener tantas vidas perdidas despiadadamente por la incapacidad de socorrerlas por parte de este sistema explotador obsoleto. Incapacidad cabal debido a la naturaleza de una clase explotadora que se opone completamente a los intereses de la humanidad e inclusive la vida. Fue una desgracia terrible la “peste negra” y sus consecuencias, pero es comprensible dado el nivel de atraso histórico de aquella época. ¡Pero mantener el medioevo en el siglo XXI es un crimen inaceptable contra la humanidad!

En todo el mundo el avance avasallador del coronavirus demuestra toda la decadencia de las sociedades imperialistas y de los países oprimidos, así como la putrefacción de sus Estados y regímenes políticos. Un colosal imperio de riqueza en manos de un puñado de parásitos, conquistado con la esclavitud y muerte de las masas populares de todo el mundo y especialmente las de los países oprimidos. Según Oxfam, la proporción del 1% más rico del mundo posee más del doble de la riqueza que poseen 6.900 millones de personas; y los multimillonarios del mundo, que suman sólo 2.153 personas al 2019, poseían más riqueza que 4.600 millones de personas. Y nada de esto importa para combatir una pandemia relativamente simple, al contrario, se explica. Los gobiernos dejan morir a miles de personas cada día, que pronto se sumarán a millones en todo el mundo, todo para no tocar a los grandes magnates del capital financiero et caterva[1].

La situación en todo el mundo, por lo tanto, es la de una creciente situación revolucionaria desigual en desarrollo y eso converge con la crisis general de descomposición del imperialismo que no muestra signos sólidos de recuperación con las políticas más amargas aplicadas y, por el contrario, ha agravado su crisis de sobreproducción. Las explosiones de revueltas masivas en todo el mundo en reacción a estas políticas de reducción de derechos y restricciones a las libertades democráticas, anunciaron el desarrollo, aunque de manera desigual, de la situación revolucionaria a escala mundial. Coincidentemente en este contexto, el coronavirus aparece como una pandemia.

Como resultado de una evolución biológica natural o una maquinación del imperialismo yanqui (hipótesis que no puede ser descartada en lo absoluto, porque bien pueden ser un nuevo “juego de guerra” criminal del Pentágono, creyente fervoroso del maltusianismo[2]), el coronavirus actúa como pequeñas bombas atómicas invisibles, aparentando otra forma de guerra mundial. No olvidar los artefactos atómicos demasiado grandes que los Estados imperialistas y algunos de sus lacayos tienen en sus arsenales para intimidar a los pueblos. La cuestión es que con la pandemia, la negligencia de los gobiernos eliminará a las poblaciones que consideran excedentes, especialmente a los ancianos y enfermos. De modo general esto significa destruir fuerzas productivas, para luego justificar nuevos y milagrosos “planes Marshall”[3] para recuperar la economía y una nueva expansión. La negligencia es deliberada, derivada de la naturaleza del imperialismo, pero distorsionada con dosis regulables de dramatización por parte de los monopolios de prensa –Red Globo a la cabeza en Brasil- para mitigar la revuelta de las masas. Es la ley del imperialismo: las crisis en este sistema se superan parcialmente solo con la destrucción de las fuerzas productivas, el asesinato de obreros excedentes (trabajadores y poblaciones “excedentes”), concentración/centralización del capital y la conquista de nuevos mercados (guerra con arsenales bélicos).

Se agudizan las contradicciones fundamentales, entre imperialistas y naciones/pueblos oprimidos como la principal, entre las superpotencias y potencias en disputa interimperialista, y entre burguesía y proletariado en los países imperialistas. Las masas serán, en la medida que dependan de los imperialistas en sus propios países y en todo el mundo, víctimas indefensas del virus y, después, de una explotación despiadada con despidos, salarios reducidos y recortes de derechos, mientras que las corporaciones monopolísticas tendrán sus pérdidas compensadas, tal como ocurre en varios países, incluyendo Brasil. En todo el mundo la reacción levanta cabeza imponiendo “toque de queda” y Estado de sitio para mantener su orden reaccionario de hambre y muerte. Ciertamente, el plan imperialista de arrojar todo sobre las espaldas de los pueblos oprimidos y los trabajadores del primer mundo, se enfrentará a la intrépida decisión de las masas de luchar por sus derechos y poner fin a ese viejo orden. No hay otra solución posible que avanzar a la Revolución Proletaria Mundial en cada país.

Situación política de Brasil

La situación política nacional, a su vez, es bastante grave, con el aislamiento político del fascista Bolsonaro y las conspiraciones abiertas de los generales golpistas, como posibilidad lanzada y hecha pública por los generales de sustituir a Bolsonaro con Mourao, como chantaje para mantener al “presidente” incluso disgustado, con correa.

El hecho es que Bolsonaro acumula fracasos, uno tras otro, en su intento de asumir la dirección del golpe militar. Aislado en el propio Planalto[4], impuesto por el gobierno militar de hecho de los generales que representan al Alto Mando de las Fuerzas Armadas (ACFA) reaccionarias. Sin embargo, valiéndose del poder legal de mandatario de la nación, ha estado tratando de ganar la opinión pública, apelando a ser el salvador de las decenas de millones de personas pobres que viven al margen de la economía, a los millones de desesperados comerciantes pequeños y medianos para que se unan a sus hordas de seguidores en la violación del “aislamiento impositivo”. Está casi completamente aislado y pierde cada vez más apoyo dentro de las clases dominantes y sus grupos de poder, en el parlamento y el poder judicial. Basta con ver el rompimiento con Ronaldo Caiado[5], el distanciamiento de la bancada de latifundistas en el Congreso e incluso las declaraciones de Paulo Guedes[6] que corroboran la política de “quedarse en casa” de los generales del gobierno militar.

Aislamiento tal que Bolsonaro se vio obligado a bajar el tono de su agitación de difundir que el aislamiento social no es más que una conspiración para detener la economía y derribarla a costa de la miseria de la población. Agitación para acumular fuerzas y capital político como los “perseguidos” y “agraviados”, y conseguir mayor poder de presión sobre los generales, cuando la situación de la nación desboca en un desorden inevitable. Su plan naufraga y la dirección de los generales en el golpe contrarrevolucionario toma impulso. El título de “presidente operativo” otorgado al general Braga es otro paso para convertir el gobierno militar de facto en gobierno militar de derecho.

La crisis del capitalismo burocrático, que se agrava aún más ahora, lanzará a corto plazo a nuevos millones a la situación de pobreza. El viejo Estado que proporciona generosos “paquetes de incentivos” de billones a algunas decenas de monopolios financieros es el mismo que ofrece una migaja a decenas de millones de las masas. Y quién sabe cuándo y por cuánto tiempo, solo para tratar de apagar la explosión de las revueltas populares que ya se ha encendido.

¿Por qué esta banda de reaccionarios no dedica sus esfuerzos a entregar materiales de protección contra el contagio (alcohol gel, máscaras y otros) y tests a todas las masas del país? ¿Por qué no obligan a estas redes monopólicas de salud a abrir sus estructuras para servir a toda la población en ayuda del sistema público limitado y desbaratado? La vida de los ricos vale más que la de los pobres, ¿no es así, caballeros? ¿Por qué, en lugar de amenazar con arrestar y reprimir a las masas, el sinvergüenza que gobierna el país no pone a todos los médicos de las Fuerzas Armadas y sus camas al servicio de los miserables condenados a muerte, sin acceso a nada y que ni siquiera pueden aislarse en sus hacinadas y estrechas chozas? Son estos explotadores criminales, los culpables directos y los negligentes quienes están detrás de otro genocidio de las clases populares.

Todos los hechos apuntan a tal situación en la que las masas están desanimadas y desesperadas. Exigen una solución a sus problemas y el deber llama, a toda prisa, a los verdaderos demócratas y revolucionarios a actuar. Por grupos pequeños, movilícelos por calles, edificios, vecindarios, ciudades y barrios marginales, como en el campo, en comités populares de defensa de la salud. Exigir a los gobiernos equipos de emergencia para prevención, tratamiento, suministro de alimentos y utensilios esenciales. Sin embargo, hay que luchar por establecer redes destinadas a sentar las bases de un futuro sistema de salud popular, bajo el control, gestión y dirección de las organizaciones clasistas populares.


[1] Et caterva = Expresión en latín usada peyorativamente en referencia a gran cantidad de personas, cosas o seres vivos, desordenadas y de escaso o ningún valor.

[2] Maltusianismo = Teoría reaccionaria burguesa que, en lo esencial, coloca al crecimiento de la población mundial como responsable de las dolencias del mundo y no al sistema capitalista de explotación y opresión. Argumenta que es imposible para la sociedad humana proveer a todos armoniosamente, teoría desmentida con la crítica científica marxista al capitalismo y la construcción socialista del siglo pasado.

[3] Plan Marshall = Oficialmente llamado European Recovery Program, fue un plan en que el imperialismo yanqui dio “ayudas económicas” a Europa Occidental tras la II Guerra Mundial Imperialista entre 1948 y 1952. El objetivo fue reconstruir aquellas áreas de interés para EE. UU., destruir el proteccionismo de los Estados y eliminar barreras al comercio (es decir, conquistar nuevos mercados), modernizar la industria europea en función de los intereses yanquis con el fin de combatir la enorme conquista de los Partidos Comunistas en Europa.

[4] Planalto = sede del poder ejecutivo brasileño, similar a La Moneda en Chile.

[5] Ronaldo Caiado, médico y político brasileño, representante de los intereses latifundistas en el viejo Estado brasileño y actual gobernador del estado de Goiás

[6] Paulo Guedes, actual ministro de economía brasileño.

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