El 18 de marzo de 1871 comienza la rebelión de la Comuna de París, en Francia. Ese día las milicias que habían defendido la ciudad de las tropas invasoras prusianas se negaron a ser desarmadas y, en su lugar, fraternizaron con los soldados regulares que llegaron a reprimirlos, quienes mataron a dos de sus generales. Tras tomar el control de la ciudad, se estableció el primer gobierno obrero en el mundo, que levantó la bandera roja como estandarte sobre el lujoso Hôtel de Ville. La Comuna de París tuvo corta duración, pero entregó grandes lecciones para las luchas revolucionarias en todos los países, siendo la principal de ellas la necesidad de conquistar y defender el Poder proletario con la violencia revolucionaria.

Las lecciones de la Comuna de París

La Comuna de París fue la primera vez en la historia en que el proletariado tomó el poder e intentó establecer su propio régimen. La Comuna no pudo consolidar su régimen y fue aplastado en un plazo de 72 días. Sin embargo, su experiencia tiene importancia histórica mundial.

Durante su corta existencia entregó una visión de la nueva sociedad. Tanto a través de sus ejemplos positivos así como de sus errores, ha proporcionado lecciones inmensamente valiosas para la clase obrera del mundo. Marx, en su papel como dirigente de la Primera Internacional, hizo un resumen de las lecciones de esta gran experiencia para el proletariado internacional.

Los antecedentes de la Comuna de París se encuentran en la guerra franco-prusiana de 1870 a 1871. Comenzó en julio de 1870, cuando el reaccionario emperador francés Napoleón III ordenó un ataque contra Prusia (que con otras provincias más pequeñas se convirtió en Alemania en enero de 1871) pensando equivocadamente que los prusianos estaban en una posición de debilidad. Sus ejércitos fueron derrotados rápidamente y el mismo Napoleón III se rindió y fue hecho prisionero por los prusianos en septiembre de 1870. La rendición de Napoleón III fue seguida por el establecimiento de una República dirigida por un político llamado Thiers quien, en marzo de 1871, firmó un tratado de paz con los alemanes. Sin embargo París, que había sido sitiado por el ejército prusiano desde septiembre de 1870, no se sometía a Thiers, sino que estaba bajo el control de la Guardia Nacional de París, compuesta principalmente por obreros. El 18 de marzo de 1871, Thiers envió a su ejército para desarmar a la Guardia Nacional. Hubo una revuelta en la que dos de los generales del ejército francés fueron asesinados a tiros y el ejército se vio obligado a retirarse. El Poder había pasado a las manos de la Guardia Nacional que, en el curso de una semana, celebró elecciones y estableció un Consejo compuesto por 92 miembros. El Consejo, que tuvo un gran número de obreros, se convirtió en el órgano de gobierno e introdujo numerosas medidas progresistas para la reorganización de la vida social y la administración de la ciudad y, por lo tanto, tenía el pleno apoyo de todo el pueblo trabajador. La Comuna de París fue, sin embargo, un gobierno bajo ataque constante. Ante el temor de la fuerza de la clase obrera, los opresores alemanes y franceses inmediatamente unieron esfuerzos para aplastar la Comuna. Alemania incluso ayudó directamente al gobierno de Thiers liberando una gran parte del ejército francés que se había rendido y hecho prisionero en 1870. El gobierno de Thiers, fortalecido por los refuerzos, lanzó entonces una campaña a gran escala para conquistar París. Los obreros lucharon con valentía, pero no eran rival para un ejército profesional bien equipado. Después de muchos días de lucha heroica, que resultó en miles de mártires, la Comuna fue aplastada el 28 de mayo de 1871. Incluso después de la toma de posesión, más de 30.000 comuneros fueron asesinados a sangre fría y más de 45.000 enfrentaron la corte marcial, muchos de los cuales fueron ejecutados y otros enviados a la cárcel o al exilio. Fue como si la burguesía se hubiera determinado a dar una lección inolvidable a los obreros para que nunca más soñaran incluso con tomar el poder nuevamente.

La Primera Internacional estaba en auge en la época de la guerra franco-prusiana y la Comuna de París. Tenía una amplia base de lucha entre los obreros y con regularidad daba orientaciones sobre cuestiones políticas. Cuando estalló la guerra franco-prusiana, Marx publicó inmediatamente un documento en nombre del Consejo General de la Primera Internacional. Este documento es una de las primeras aplicaciones de los principios tácticos marxistas respecto a la guerra. Llamó a la solidaridad internacional de los obreros, mientras que culpó de la guerra tanto a los gobernantes de Francia como de Prusia. Debido a la propaganda de la Internacional, existía un fuerte espíritu de internacionalismo entre los obreros alemanes y franceses. De hecho Bebel y Wilhelm Liebknecht, dos parlamentarios y dirigentes del partido proletario alemán que eran miembros marxistas de la Internacional, fueron encarcelados por el gobierno prusiano tras votar en el parlamento en contra de los créditos de guerra.

En el período inicial de la guerra, Marx la caracterizó como una guerra defensiva por parte de Alemania a causa de la naturaleza reaccionaria del régimen agresor de Napoleón III. Sin embargo, predijo la caída de este gobernante reaccionario. Cuando esto sucedió, Marx publicó inmediatamente un documento que llamaba a los obreros alemanes a oponerse a lo que ahora se había convertido en una guerra de conquista alemana. Hizo un llamamiento a la paz con Francia y el reconocimiento de la República recién formada. Caracterizó la República como conducida por la aristocracia financiera y la gran burguesía. Sin embargo, sentía que sería prematuro tratar de derrocar a la República y formar un gobierno obrero. De hecho, Marx se opuso firmemente a cualquier intento de insurrección en París. Esto fue así debido a que el enemigo alemán ya había rodeado París y había muy pocas posibilidades de que cualquier insurrección sobreviviera en tales circunstancias.

A pesar del consejo de Marx, los activistas de diversas tendencias anarquistas y conspiracionistas que tenían algunos seguidores en París hicieron numerosos intentos por organizar un levantamiento. Cuando la insurrección finalmente tuvo lugar Marx, a pesar de toda su anterior oposición, declaró su apoyo pleno y militante hacia la Comuna. Inmediatamente reconoció su importancia histórica y envió cientos de cartas a todo el mundo para tratar de levantar apoyo. A través de mensajeros, mantuvo contacto con los comuneros y envió consejos a los internacionalistas de la Comuna. Consultando a Engels, que era un experto en asuntos militares, envió también consejos con respecto a la defensa militar de la Comuna. Aunque la dirección de la Comuna estaba en manos de los miembros de otros grupos y tendencias, los marxistas dentro de la Comuna hicieron todos los intentos de fortalecer sus actividades y defenderla. Después de la derrota de la Comuna, la Internacional fue la principal organización que trabajó por buscar refugio y ayudar a conseguir empleo para los comuneros que tuvieron que huir de la represión brutal de la burguesía francesa.

Marx, quien de inmediato elogió la Comuna como un acontecimiento de gran importancia histórica, hizo un análisis en profundidad, tratando de extraer lecciones de su experiencia. Esta obra, La Guerra Civil en Francia, fue escrita durante la Comuna, pero sólo pudo ser publicada dos días después de su caída. Sirvió para propagar sus logros y establecer el punto de vista correcto en relación a la Comuna entre los revolucionarios y los obreros de todo el mundo.

Marx, en primer lugar, puso de relieve las principales medidas positivas y revolucionarias adoptadas por la Comuna, que se presentó como la incubación de la nueva sociedad. Señaló las grandes decisiones políticas como la separación de la Iglesia y el Estado, la abolición de los subsidios a la Iglesia, la sustitución del ejército permanente por una milicia popular, la elección y el control de todos los jueces y magistrados, el límite salarial máximo para todos los funcionarios del gobierno y el establecimiento de la más estricta responsabilidad ante el electorado, etc. Las principales medidas socio-económicas fueron la educación general y gratuita, la abolición del trabajo nocturno en las panaderías, la cancelación de las multas patronales en los talleres, el cierre de las casas de empeño, la incautación de los talleres cerrados para ser trabajados por cooperativas de obreros, la ayuda a los desempleados, alojamiento y ayuda para los deudores. Todas las medidas anteriores muestran que, aunque no había una clara dirección a la Comuna, todas sus decisiones tenían la clara impronta de las acciones del proletariado. A pesar de que se enfrentaron constantemente al problema urgente de su propia supervivencia la Comuna, a través de sus acciones, proporcionó la primera visión de qué tipo de sociedad traería la futura revolución proletaria. Proporcionó la primera experiencia del proletariado en el poder del Estado – a lo que Marx y Engels se refieren como la primera dictadura del proletariado.

La Comuna también proporcionó lecciones valiosas para las futuras luchas del proletariado en atención a sus debilidades, las cuales fueron señaladas por Marx. Una debilidad importante de la Comuna fue la falta de un liderazgo claro y centralizado de un solo partido proletario. De esto Marx concluyó que, para el éxito de la revolución, era absolutamente necesario contar con el liderazgo de un partido proletario fuerte, visionario y disciplinado. El otro punto que Marx recalcó en repetidas ocasiones fue la necesidad de destruir la maquinaria estatal anterior. Con el fin de construir el nuevo Estado de los obreros no era posible confiar en la anterior maquinaria estatal de la burguesía con sus funcionarios estatales que estaban totalmente comprometidos a preservar el viejo orden social. De hecho, con el fin de construir el Estado obrero era primero necesario destruir el antiguo aparato del Estado y deshacerse de todos sus funcionarios de alto nivel.

En el período de la reacción y la represión después de la Comuna, se produjo una gran confusión entre las fuerzas revolucionarias en cuanto a la forma de evaluar las experiencias y sacar las conclusiones correctas. Los anarquistas, que habían participado en gran número en la Comuna, estaban particularmente confundidos. El análisis de Marx dio una posición clara para despejar todo tipo de confusión. Marx también ayudó a propagar la correcta comprensión con respecto a la Comuna en todo el mundo. Después de la Comuna, la burguesía retrató a Marx como el verdadero líder de la Comuna e incluso fue entrevistado por la prensa mundial. A través de estas entrevistas pudo presentar el punto de vista correcto a varios países. El marxismo de nuevo estaba proporcionando las respuestas correctas.

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Este artículo corresponde al capítulo 10 del Curso Básico de Marxismo-Leninismo Maoismo, escrito por el Partico Comunista de la India (maoísta). Puedes descargar la traducción completa desde este link: http://elpueblo.cl/media/CursoBasicoMLM.pdf

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