Protestas en la zona sur de Santiago el 22 de abril. Imagen difundida desde @radiovillafrancia

Editorial de Periódico El Pueblo nro. 95. Por Comité de Redacción

Las protestas populares han vuelto a levantarse y nuevamente se extienden a nivel nacional. A las recuperaciones de tierras en la Araucanía -que no se han detenido-, se han vuelto a sumar con fuerza las poblaciones y barrios pobres de Santiago y regiones. Las federaciones de trabajadores portuarios y trabajadores del cobre, empujadas por sus bases, se han plegado a movilizaciones y, junto a otras asociaciones de funcionarios, han iniciado protestas y paralizaciones para enfrentar las políticas de hambre del gobierno. La crisis sanitaria está desatada por el criminal manejo de la pandemia y la economía interna depende de un nuevo tercer -y eventualmente un cuarto- retiro de los fondos de pensiones. “Todos” aparentemente están contra Piñera y su “desgobierno”, pero ¿por qué se le permite seguir gobernando?

Públicamente, representantes de todos los partidos electoreros, incluso dentro de su propia coalición de gobierno, levantan críticas a la gestión de Piñera. Pero al mismo tiempo todos evitan referirse a un término anticipado de su mandato, a pesar de que su gestión es ampliamente rechazada en todas las encuestas y las protestas cada vez más están encabezadas por la consigna ¡fuera Piñera!

Lo que se ve es que realmente a ninguno de ellos le conviene que Piñera se vaya ahora. Es nuestro pueblo el que carga con el peso genocida y hambreador de este gobierno. No son ellos.

El costo del “respeto al orden constitucional», para variar, lo paga el pueblo

Restan 10 meses del gobierno de Piñera. Un gobierno genocida y vendepatria que únicamente ha podido sostenerse gracias al estado de excepción constitucional y las maniobras políticas del parlamento.

Pero mientras a su gobierno se le alarga la vida artificialmente, se prolonga también la prisión política de las y los luchadores del pueblo, aumentan las víctimas de la violencia estatal, las mutilaciones y las muertes por luchar y se posponen también las necesarias medidas para sobrellevar la crisis sanitaria y económica que cae especialmente sobre las masas más pobres.

Esta situación no podría ser sostenida sin el apoyo explícito o tácito del conjunto de las fuerzas políticas reaccionarias en el parlamento. Todas, sin excepción, están contribuyendo a prolongar el sufrimiento de la enorme mayoría de la población.

¿Por qué hacerlo? Por su temor profundo al “quiebre institucional” ¡El pánico a que la protesta de las masas termine con la comodidad de su viejo y podrido orden social! ¡Que por fin se acaben sus privilegios! En eso confluyen todos, desde la derecha que teme por su estabilidad económica, hasta el FA y el P”C”, que saben que tienen aún más que perder.

En esto el FA tomó el camino corto: ponerse rápidamente en fila para pactar y firmar el acuerdo del 15 de noviembre de 2019 que, en el fondo era un pacto político de “respeto al Estado de derecho”, incluyendo el respetar el período presidencial de Piñera.

La camarilla Tellier-Carmona tiene más experiencia en maniobrar políticamente y en esta ocasión prefirió quedarse al margen. Pero ha sido el propio Jadue quien ha salido a dejar en claro que la dirigencia del P”C” no está tampoco por forzar la salida anticipada de Piñera. El 23 de noviembre de 2020 fue explícito en una entrevista en Canal 13: “Si hay alguien que dice que el gobierno está tan malo que habría que cambiarlo, a mi no me parece que sea esa (la salida)”.

Sobre la base de este “respeto al orden constitucional”, en los hechos, la supuesta “oposición” se ha encargado más que nada de apuntalar al gobierno para evitar la catástrofe total (para ellos, porque para el pueblo la situación ya es en verdad catastrófica). Así, desde el Congreso se aprobó sin gran resistencia la extensión del estado de excepción constitucional -que pone la bota militar sobre todos nosotros- y en cuanto a las medidas económicas, en lugar de exigir el uso de fondos públicos para paliar la crisis, se ha permitido el uso de los fondos de cesantía y de los fondos de pensiones de las propias masas trabajadoras.

Este apuntalamiento al gobierno de Piñera para evitar el nuevo alzamiento popular quedó muy claramente expuesto por Yasna Provoste, DC y actual presidenta del Senado. El 25 de abril, Provoste se expresó sinceramente en televisión en relación a la aprobación de los sucesivos retiros de 10% del fondo de pensiones: “Si nos hubiéramos sostenido sólo con las propuestas del gobierno, que han sido insuficientes … el estallido social hubiera sido insostenible, la crisis social y política nos tendría quizás en qué momento”.

Mientras no se volvee todo este viejo orden, ellos siempre podrán encontrar una salida a su situación

Con todo esto, va quedando cada vez más claro que seguir esperando que sean los mismos viejos partidos electoreros los que resuelvan la salida a su manera significa prolongar y empeorar aún más la situación de más del 90% de la población.

Su “solución” podrán presentarla en la forma de “paquetes sociales”, “nueva constitución” o incluso un nuevo gobierno que “ahora sí” sea “popular”. Pero la historia nos ha mostrado que confiar en este camino que no consigue sino prolongar la agonía de la inmensa mayoría de la población y seguir posponiendo la verdadera solución, que no será pacífica, sino violenta, revolucionaria.

La represión sostenida y las restricciones a las libertades individuales se siguen prolongando en este mismo instante, en una forma que ya va mostrándose claramente como una medida con fines de control social y no de control sanitario. Así ha trascendido incluso en la prensa reaccionaria. El diario La Tercera, por ejemplo, destacaba el jueves 23 de abril que “en La Moneda reconocen que existe preocupación de que la protesta escale y […] destacan que el hecho de estar en pandemia y con medidas restrictivas – como el toque de queda a las 21 horas – ayuda a mantener el orden público”.

La solución a los problemas de nuestro pueblo no podemos dejarlos a la voluntad de estos o los futuros parlamentarios, ministros o presidentes. Ya hemos tenido más que suficiente.

El 18 de Octubre empezó a mostrar lo que puede conseguir la protesta popular. Y el reflujo que siguió también mostró que apenas el pueblo retrocede un poco, ellos pasan a la ofensiva nuevamente.

Por eso, junto con combatir sus planes es importante seguir impulsando la protesta popular con todo tipo de demandas. Esto incluye la salida de Piñera – necesaria para romper en los hechos su acuerdo de “paz y nueva constitución” – sino especialmente la lucha por ingresos de emergencia, por el incremento salarios y sueldos ante el aumento del costo de la vida; por exigir que el presupuesto militar y policial destinado a represión sea redirigido para disponerlo a mejorar el equipamiento y las condiciones de trabajo para los funcionarios de la salud; demandando medidas concretas hacia la situación de las mujeres populares en sus hogares, las que han visto incrementado el trabajo doméstico y sufren el aumento de la violencia patriarcal; exigiendo condiciones adecuadas para la educación en todos los niveles; luchando por un plan de viviendas de emergencia que aborde el enorme incremento de los sin casa, quienes viven hacinados con sus familias, o en campamentos, o en la calle; por la restitución de las tierras para los campesinos pobres mapuche y no mapuche; por todas las necesidades más básicas que tienen que ser exigidas con protesta popular combativa, que es el único camino por el cual se pueden verdaderamente conseguir conquistas y defenderlas, mientras no se conquiste el Poder para el proletariado, el campesinado y el pueblo.

Muchas de las ollas comunes, las redes de abastecimiento popular, las agrupaciones de mujeres, las brigadas de salud, los organismos de apoyo a las presas y presos políticos y otras formas de organización popular que nacieron con el 18 de Octubre se han levantado como organizaciones de lucha y son muy importantes para servir al camino del pueblo. Muchas de ellas están insertas entre las masas más pobres en campo y ciudad y es allí donde más se necesita que se sigan desarrollando y multiplicando.

En cada una de ellas, la situación actual obligará a enfrentarse con las posiciones oportunistas que intentarán jalonar estas organizaciones únicamente como fuerza electoral para sus elecciones. La lucha tendrá que darse también al interior de nuestras organizaciones para defenderlas de esto, explicando a quienes tengan confusión que el camino de las patrañas electorales es el mayor riesgo que tienen hoy las organizaciones del pueblo. Ese es el camino que nos ha traído hasta donde estamos ahora, es el camino de quienes hoy apuntalan a Piñera para cuidar su propio pellejo.

Ese es el camino de los reaccionarios y oportunistas y no el nuestro. Ellos luchan a su manera, nosotros luchamos a la nuestra.

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