El pasado 19 de diciembre, poco más del 55% de las personas habilitadas para votar acudió a las urnas para elegir en segunda vuelta al nuevo presidente. Frente al llamado frenético de elegir el mal menor para ‘vencer al fascismo’, amplios sectores del pueblo que lucharon durante la rebelión popular iniciada el 18 de octubre de 2019, incluso sectores combativos, se vieron arrastrados a validar esta elección. Aún así, por apenas un poco más de 5% se superó la mitad del censo electoral.

La elección de Boric, debe ser entendida como reflejo de los anhelos y esperanzas de transformación que anidan en nuestro pueblo y que se expresaron con fuerza, en las acciones contundentes que hicieron crujir toda esta vieja sociedad. Pero al mismo tiempo refleja que hay “esperanza”, es decir ilusión, por lo que este gobierno pueda hacer. La palabra esperanza proviene de esperar. Nosotros pensamos que no es el momento de esperar, es el momento en que cada uno debe hacerse cargo de tomar la vida en sus propias manos y luchar por conquistar lo que nos merecemos como pueblo.

La fuerza de las masas, en acciones violentas que desafiaron la brutal represión policial y militar, logró poner los problemas sobre la mesa, pero no aún su solución. Los golpes, sangre, muertes, mutilaciones y prisión política para numerosas hijas e hijos del pueblo -muchos de los cuales siguen aún en prisión- mostró el potencial transformador de las masas cuando están decididas a luchar por aquello que les ha sido arrebatado, pero nos mostró también que aún no existen los instrumentos para llevar la lucha decididamente hasta el fin. Aún así, las jornadas de la revuelta nos quedaron marcadas a fuego en el corazón.

Toda una nueva generación de combatientes del pueblo se sumó a las filas de la lucha, y es principalmente entre esos sectores de luchadores y luchadoras del pueblo, que debe discutirse con una profundidad cada vez mayor, cuál es el momento que corresponde ahora preparar. Es momento de sincerarse: Hoy el oportunismo y el revisionismo han asumido la tarea de administrar y mantener a flote este viejo y podrido Estado. Entonces, o se está por avanzar hacia una verdadera transformación revolucionaria, o se está por aceptar y someterse al fangoso camino de reformas que ha mostrado miles de veces que jamás llega a las transformaciones de fondo.

Ese camino es la vieja estrategia gradualista, que intenta vestirse de nuevas formas, por tanto hoy, ya no basta hablar de lucha en general.

Responda: ¿Se confía o no en que es el pueblo y solo el pueblo, quien puede construir su propio destino? Dígalo, sincérese. ¿O se piensa que finalmente son los mismos viejos políticos -aunque tengan caras nuevas- los que deben seguir gobernando? Diga que no cree que los pobres, los rotos, los ignorantes, puedan dirigir su destino.

Diga que en realidad se piensa que la constitución que se está escribiendo, será “un paso”, porque “no hay condiciones” para un cambio radical. Entonces reconozca que prefiere la espera, un pantano legislativo y burocrático, en vez de seguir el ejemplo de esfuerzo y persistencia de muchos luchadores y luchadoras de nuestro pueblo.

Nosotros, nos reafirmamos en la infinita capacidad de las masas, diremos incansablemente que queremos la revolución. Ya aprendimos que no estamos solos, solo estamos dispersos. Y nos estamos reagrupando, aprendiendo a luchar cada vez mejor.

Sincérese cada quien: Si quiere un camino revolucionario, debemos trabajar por ello sin perder tiempo. ¿O quiere un camino de reformas? que es el camino que la reacción pavimenta para que los luchadores abandonen la lucha. ¿O piensa que es posible una posición tercerista, de ‘probar’? Mire la historia compañero o compañera, porque usted no es ni el primero ni la primera que toma el camino de la lucha ni entrega su fuerza o sangre en el esfuerzo. La historia es majadera, ningún Estado se ha reestructurado “desde adentro” y ninguna clase dominante ha dejado de oprimir, sin que se le golpee con contundencia.

Nosotros llamamos con fuerza: desechar las ilusiones electorales, desechar las ilusiones constitucionales, prepararse para desarrollar la lucha popular.

¿Y qué se viene ahora?

El gobierno de Boric y la nueva constitución aún no se desenvuelven siquiera, pero ya es posible adelantar que irán de fracaso en fracaso. Es la ley de los opresores y reaccionarios.

Su papel en la reestructuración del viejo Estado es únicamente hacer tiempo para buscar diluir el ascenso de la lucha de las masas. Pero eso es un imposible, porque el tiempo histórico se ha acelerado. El Frente Amplio terminó en un envejecimiento prematuro, pactando con toda la ex Concertación para hacer que su gobierno sea un gobierno de coalición entre la burguesía burocrática y la compradora, un gobierno que estará obligado a la vieja política de los acuerdos. Esto porque los sectores reformistas, más allá de si tienen o no buenas intensiones, en el fondo no están dispuestos, no desean irse contra el Poder establecido.

La nueva constitución podrá introducir algunas definiciones de derechos sociales, pero nada que atente contra su sacrosanta propiedad privada.

De parte del pueblo, habrá que seguir resistiendo y combatiendo las viejas relaciones sociales de producción que fuerzan a más del 90% de la población a enfrentar las sistemáticas alzas del costo de la vida, la dureza del desempleo, de las cuentas por pagar cuando se dejó de recibir el IFE, etc.

De parte de esta nueva camada de administradores del viejo Estado, lo de costumbre: el acomodo en los cargos, el cuoteo, el clientelismo, la corrupción. Porque estas formas no son patrimonio de un ‘sector político’ u otro, son consustanciales a este viejo y podrido Estado. Son las formas en que, desde las instituciones estatales hechas a la medida de los grandes burgueses, terratenientes y el imperialismo, se desenvuelve la administración de sus negocios, sobre viejas bases feudales de la sociedad, expresadas en la perpetuación del latifundio y el clientelismo.

¿Y qué más? De la consigna electoral “la esperanza le ganó al miedo”, solo quedará la parte de la espera. Se nos dirá que los dos primeros años de Boric no podrán hacerse cambios porque está “atado” a un parlamento de oposición y a la constitución de Pinochet. Que hay que tener paciencia. Que hay que aprobar esta nueva constitución, salga como salga. Nos dirán: ¿Acaso alguien podría querer que se mantenga la constitución de 1980? Entonces nuevamente dirán que hay que volcar las energías en las urnas, para “derrotar definitivamente a la derecha”, para obtener un nuevo parlamento ‘del pueblo’ que cree las leyes de la flamante nueva constitución… y así seguirán empujando definitivamente al pueblo al pantano de las elecciones. Verdadero atasco para las necesidades y derechos de las masas del cual no es tan fácil salir. Esa es la forma en que el oportunismo y el revisionismo (falsos comunistas) hacen política. Es lo que ellos conciben como “lucha”.

¿Y mientras tanto? Irá campeando la corporativización en todas las formas posibles. Es decir buscarán apropiarse/comprar el movimiento popular. Las “dirigencias sociales” ligadas a la camarilla Tellier-Carmona-Vallejo y el Frente Amplio que se levantaron en las asambleas territoriales, en las ollas comunes, en las agrupaciones feministas y de todo tipo ya están preparando sus “asesorías” y “proyectos”. En tanto el “crecimiento del país” lo permita, habrá fondos o incluso nuevos préstamos internacionales para seguir implementando la política de focalización del gasto público del Banco Mundial y el FMI, esa política del Consenso de Washington que transformó los derechos sociales en postulaciones.

La corporativización es precisamente eso, domesticar a las organizaciones populares y ponerlas al alero del Estado, haciéndolas sentir que ellas mismas son parte del Estado. Y no olvidar que la corporativización es la política del fascismo. Sí, el fascismo no es patrimonio exclusivo de la ‘derecha’.

¿Y no habrá redistribución de la riqueza? ¿No se podrá resguardar la naturaleza de las forestales y las mineras? ¿No se retornará la tierra a los pueblos originarios? ¿No tendrá tierra el campesino pobre? ¿No mejorarán las condiciones de trabajo para los temporeros? ¿No se podrá tener salud, educación y vivienda sin hipotecar el salario de toda una vida? Respuesta corta: No. No sin expropiar a los grandes propietarios, y eso ya está descartado en el programa del oportunismo, eso sólo puede conseguirlo una revolución democrática y popular.

El camino del pueblo

Tenemos que seguir discutiendo sobre todo esto, compañeros y compañeras, porque sí hay una salida a esta situación. Las luchas de los pueblos en todo el mundo anuncian que se ha entrado en tiempos de guerra, en un nuevo periodo de revoluciones, donde las guerras populares en India, Turquía, Perú y Filipinas son señales luminosas.

En general, son muy pocos los analistas que se atreven a afirmar que estamos en camino a una vuelta a la “normalidad” en el mundo. A nivel internacional, lo que se puede afirmar es lo contrario.

Los análisis y perspectivas sobre la situación actual hablan de una profunda incertidumbre, que viene a ser reflejo del hundimiento del sistema imperialista, del cual somos testigos presenciales.

En lo económico, no se han superado en ningún momento las crisis cíclicas. Puede quedar la sensación de que una vez establecido el imperialismo y su sistema de dominación mundial, este tiene eternamente las posibilidades de regenerarse. No pocos han planteado que el capitalismo tiene mecanismos de regeneración, que lo hacen ver como imbatible, expresando con eso más bien su visión fatalista, su pesimismo encubierto.

La genialidad del presidente Mao y el presidente Gonzalo es ver que el sistema imperialista no tiene la eterna capacidad de regenerarse, sino todo lo contrario, que es un largo proceso de hundimiento, en distintas fases, donde se desenvuelve la revolución proletaria mundial.

Las pruebas materiales están: por un lado la socialización de la producción, la concentración del capital y por otra, la rebelión de las fuerzas productivas frente a esto. Nadie que se diga revolucionario o que anhele la revolución puede confundirse frente a esto. Sólo hay que tener ojos para ver.

El imperialismo, como todo sistema de explotación, está condenado. Sólo luchan por evitar su hundimiento. Luchan por sus mil años de dominio. Pero nosotros sabemos que tiene pies de barro, que el imperialismo y todos los reaccionarios no son más que tigres de papel.

En nuestro país, el cambio de gobierno y la nueva constitución se desenvuelven en este contexto internacional, como un plan para reestructurar el viejo Estado, para darle gobernabilidad a instituciones decadentes y desprestigiadas. Buscarán sumar a la administración del Estado burocrático y semifeudal a todas las fuerzas auxiliares que pueden servir a oxigenarlo y probablemente lo harán.

Pero ya hace 100 años Recabarren, en 1921, habiendo participado en las elecciones e incluso siendo elegido como diputado, tras conocer en persona dicha experiencia, nos dejó una valiosa lección en cuanto a desechar cualquier ilusión en el camino del electorerismo, lección que debemos seguir quiénes queremos transformar verdaderamente la realidad:

«Esa tribuna no nos hace falta, pues de cada escaño, de cada piedra, podemos hacer una tribuna desde la cual podemos decir tanto y algo más que lo que se puede hablar desde un parlamento, con la ventaja aún que la obra hecha en las calles encontrará siempre adeptos, mientras que de los parlamentos no sacaremos ni uno solo, porque allí no hay seres humanos sino monstruos, insensibles al dolor ajeno. Lo que no se puede hacer desde fuera menos se hará desde el parlamento. Por lo demás, seguir enviando hombres al parlamento significa corroborar al régimen de injusticia, afianzar y perpetuar el crimen erigido en sistema.”

Con estas palabras nos sumamos al grito de batalla contra las clases dominantes de cualquier facción, desde las vinculadas al fascismo como las «demócratas», llamando al pueblo a seguir el camino de la lucha, que es el único camino con el que se alcanzan conquistas y se pueden defender derechos.

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