De Frente y sin Rodeos, Radio Plaza Dignidad

Presentación del libro de la CAM, Chem Ka Rakiduam

Por Gloria Bascuñan

Héctor Llaitul vino a Santiago el viernes pasado para presentar el libro de la CAM, Chem Ka Rakiduam. La prensa burguesa no fue invitada y a la prensa independiente se nos permitió tomar apuntes y fotografías. Tras el encuentro se publicaron un par de artículos sesgados y sobreideologizados de la prensa burguesa, que siguen su camino de construir la imagen del enemigo interno, de violentistas o terroristas, propio de los manuales de contrasubversión del ejército norteamericano. También hubo relatos de la prensa independiente y al servicio del pueblo. Esta es la impresión que nos dejó a nosotros.

Llegamos a una sede social de la combativa población de Lo Hermida, en la zona sur oriente de Santiago, para escuchar el mensaje de lucha que venía desde el sur, en un contexto de ofensiva represiva hacia la lucha y la resistencia del pueblo mapuche. El lugar estaba lleno de banderas mapuche, jóvenes, lamuenes y pobladores del sector, más quienes veníamos desde más lejos, para la presentación de una nueva edición del libro de la Coordinadora Arauco Malleco, CAM, llamado: «Chem Ka Rakiduam», que significa Pensamiento y acción de la CAM.

Créditos de todas las fotografías: De Frente y sin Rodeos, Radio Plaza de la Dignidad

La presentación fue iniciada por el historiador y Premio Nacional de Historia, Jorge Pinto. El historiador relató que lleva 40 años viviendo en el Wallmapu, y que luego de muchos años de investigación, su conclusión es que apoya las demandas del pueblo mapuche y apoya a Hector Llaitul, “porque pone el pellejo por su verdad”, argumenta rotundo.

Jorge Pinto agrega que el Estado de Chile no tiene una historia de errores con los mapuche, sino que “de horrores”. Hizo referencia al genocidio contra el pueblo mapuche, planteó la justeza de sus demandas como pueblo nación: recuperación de tierras, del territorio y de la autonomía. Precisa: “autonomía dentro de las tierras que les pertenecieron en forma ancestral”. Nos habló del robo descarado de sus tierras, que agregamos nosotros está hasta documentado y testimoniado por los descendientes/sobrevivientes de la usurpación. Pinto explicó bien que desde ese despojo es que se entiende el ilkun (enojo) del pueblo mapuche. El historiador señaló que el Estado debe plantear principios y criterios de justicia, para instalar la paz y no el criterio de seguridad, que solo lleva a militares y represión al territorio mapuche.

Orfelina Alcaman, del Lof Peleko Pidenco de Lumaco, se presentó como la vocera del territorio que controlan desde hace 6 años. Señaló sobre la CAM, que: “es la única orgánica que representa ideas y planteamientos políticos sólidos”. La CAM nos enseñó que había que expulsar a la forestal y la forestal ya no está en el territorio. En relación a las acusaciones de robo de madera señaló: “por eso hacemos uso de los recursos que allí están”, «nosotros usamos los recursos para reconstruir más de 100 hectáreas, terreno que hemos ido limpiando del desastre que dejó la forestal.” Contó que allí han plantado trigo y avena, y tienen chacras y animales.

Afirmó orgullosa y rotunda: “con la CAM despejamos la mente de cómo se hace la lucha.” Agregó: “hay que trabajar”, “mostrar que nuestro trabajo es duro y no necesitamos ser narcotraficantes”. Tanto Orfelina y Llaitul fueron enfáticos en deslindar con el tráfico de droga, incluida la marihuana, dijeron. Pero eso no lo difundirá ningún medio que esté de algún modo entrelazado con los intereses forestales y terratenientes de los territorios en disputa. Llaitul -agregó después-, que con la producción de los territorios recuperados alimentan al pueblo de Lumaco durante 1 año.

NO COMPARTIMOS EL NARCOTRÁFICO

Por su parte, Hector Llaitul fue enfático en afirmar: “no compartimos el narcotráfico”. También señaló que no son asesinos: “validamos el sabotaje a maquinaria”, dentro de su estrategia de expulsión de las forestales del territorio.

Llaitul reivindicó al joven weichafe (luchador) Pablo Marchant, quien fue asesinado por militares. En declaraciones anteriores la CAM y sus familiares han denunciado que fue ejecutado de un disparo en la cabeza, cuando éste ya estaba reducido. Llaitul habló de él como un joven que más que entregar su vida, se sacrificó “por un proyecto político militar que existe en el Wallmapu.”

Denunció que la concepción del multiculturalismo y la plurinacionalidad siguen haciendo negación de las demandas de territorio y autonomía. “¡cortinas de humo!” Y preciso: “No vamos a ser apéndice, de este Estado criminal. Lo que procede es la liberación, esta es una lucha de liberación nacional, expulsado el poder burgués, nacerá el mundo mapuche, más justo y más sano.”

Hablo de la ética de la acción política del pueblo mapuche, golpeando la producción del gran capital, “para restablecer el mundo que nos fue negado”. “Así hemos conseguido 10 veces más conquistas y más derechos de los que nos ha dado este Estado.”

Señaló que actualmente, existe una ofensiva fascita: “¿Cómo vamos a dialogar con la pistola en la mesa?”, y agregó explicando el objetivo del estado de excepción: “los militares han sido destinados para la recuperación de los predios que nosotros les tenemos tomados.”

Denunció el actuar de las forestales, el latifundio, los gremios con impronta fascista y a las bandas paramilitares que están presentes en el territorio mapuche. Señalando que nunca el enemigo han sido los pobres de Chile o los trabajadores.

Expresó que la CAM desarrolla un trabajo real y concreto, un trabajo político de más de 20 años. Afirmó que la CAM representa: “un Proyecto Político Militar para la resistencia y reconstrucción del pueblo mapuche… un pueblo que está en marcha”.

Los vívidos relatos de la lucha mapuche, hacían eco en los presentes, sobre todo en las ansias de justicia que crece en cada rincón de nuestro país, cuando los abusos se amontonan cada vez más. La valoración de la acción de este grupo de resistencia mapuche es algo que le corresponde a su propio pueblo. Nosotros acá en la warria (ciudad) nos dejamos llevar, nuestra mente vuela pensando en cada cosa que pueda servir a traer esos pedazos de territorio, autonomía y justicia que este pueblo ha arrebatado.

Por eso el pueblo chileno agradecido levantó la bandera mapuche en Plaza Dignidad, que durante mucho tiempo fue la única bandera legítima que flameaba en ese lugar de lucha y que tanto le duele a la reacción capitalina.

Esa misma bandera mapuche es la que se ve en tomas y campamentos donde avanza el deseo de «tierra, vivienda, justicia y libertad». La reacción jugará su papel de dividir y estigmatizar, porque está ciega de avaricia y sobreideologizada, se levanta sobre mitos, como las supuestas bondades de la gran propiedad, entre otros. Los pueblos siguen su marcha, esclareciendo sus posiciones al calor de la lucha de clases, que no se detiene.

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